La Guerra de las Palabras

Ya deben haber leído que Nasrallah (el líder del “tan valeroso Hezbollah” que se escondió en un bunker durante toda la guerra, líder de un partido que dice ser de acción social pero tiene ejército propio a espaldas del gobierno(?) Libanés, etc etc declaró ayer:

“Si hubiéramos sabido que el secuestro de los soldados nos llevaría a esto, definitivamente no lo habríamos hecho”

(también acá)

Como este no es un blog de noticias, charlemos un poco sobre lo que dijo.

Entendamos que ahora Nasrallah quiere apoderarse del Líbano para convertir a un país (que supo ser el más avanzado de Medio Oriente) en un eslabón más del eje anti-israelí que forman Siria e Irán junto con los Palestinos. Por eso ahora reparte cifras millonarias de dólares instantáneas y en efectivo a los damnificados por la guerra que él provocó, y por eso ahora se lamenta en público (a modo de disculpa con el pueblo libanés) por las “molestias ocasionadas”.

Faltaba que cuelgue un cartelito en el sur del Líbano que diga “sepa disculpar que lo usemos de escudo humano, estamos trabajando para un futuro mejor, sin judíos”.

Y el mundo sigue transmitiendo las noticias como si no entendiera nada y no quisiese hacer las preguntas del caso. Como si no fuese un detalle importante que un grupo guerrillero y terrorista empieza una guerra por su cuenta contra un país limítrofe y recién cuando todos se despiertan, llegan a la brillante idea(?) de llamar al ejército local para que interceda en la zona, cuando eso es lo que tendría que haber ocurrido desde el minuto 1 de la guerra, de ser El Líbano un país normal y soberano de verdad.

Como decía ayer, si Nasrallah y el mundo árabe declaran haber ganado la guerra orgullosos… ¿entonces de qué se arrepienten ahora de haberla empezado? Haberle ganado una guerra a Israel por primera vez es como hacerle un gol al Pato Fillol de chilena. No te vas a echar atrás ahora, ¿no?

Pensemos un rato en este cambio de declaraciones. Quizás nos estén diciendo, pasada la euforia de mentirle a su gente (“¡estamos ganando! ¡seguimos ganando!”), que se dan cuenta de que El Líbano no es Irán, después de todo. Que su población tiene una demografía BIEN DISTINTA al resto de los  países de la zona. Y que quizás, la gente ya está harta de ver pasar ejércitos por el sur de su país sin que les pregunten qué opinan (primero los palestinos, después Israel, después el Ejército del Sur del Líbano, después Siria, después Hezbolláh, ahora la ONU…).

Ahora estamos en la carrera de ver quién escribe la historia, para que dentro de unos años se cuente una versión que les convenga. Veremos quién gana esta guerra de palabras.

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