Presidente en Apuros

Se sabe que el presidente en Israel es un puesto diplomático y decorativo. Se lo dieron a Waitzman cuando se creó el Estado a modo de homenaje. No pincha ni corta. Y menos que menos cuando es un zapato como Katzav. Cuando estaba Ezer Waitzman (no, no es el mismo que en 1948, no seas animal!) al menos salía a dar con un palo con declaraciones que eran tomadas en cuenta por ser un tipo grosso. Pero no siempre ocurre.

Ahora este tipo está por ser juzgado por acoso sexual o violación (no está decidido el cargo todavía). Se está estirando un poco el tema y todavía no renunció, lo que puede parecer mal de su parte pero bueno… uno es inocente hasta que demuestran su culpabilidad.

Yendo a la sensación de tener un presidente violador, digamos, y sin importar lo poco importante de su función, no es cosa linda. Imaginate que los diarios del mundo se hacen una panzada con eso. Pero lejos de parecer que lo defiendo (Katzav es impresentable) me pongo a pensar en Carlos Menem. La de historias de fiestas que se corrían en su nefasta época. Duhalde: todo el mundo comentando el secreto a voces de ser el capo del narcotráfico en la provincia de Buenos Aires. Hasta detalles de “la universidad de la matanza la pagó con el lavado de dinero de la droga” se escuchaban a diario.

El solo hecho de pensar en acusar a uno de esos mafiosos por algunas de las interminables trapisondas le hace a uno erizar la piel pensando en los matones que al día siguiente se te aparecen en tu casa para “accidentalmente” incendiarte el auto. Con vos adentro.

Y ¿cómo se siente el argentino? Nada. Por ahí putea, pero sigue adelante. Nadie hace nada. Y si hiciesen algo, el presidente tiene inmunidad y no se lo puede ni juzgar ni encarcelar ni nada.

No es que ahora vaya a festejar que el presidente vaya a ser juzgado por violación, por más mal que me caiga. Pero es una muestra más de cómo funciona la democracia israelí, en este caso, en un lamentable ejemplo.

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