15 años

Hoy se cumplen 15 años del día en que llegué a Israel.

Era Tishá be Av, la fecha en la que se recuerda la destrucción del gran Templo.

Pero yo acá construí. Mucho. Una carrera, Una familia, una casa (dos, a decir verdad), una vida entera.

Y todo bajo la tutela de lo que siempre llamé “un país en serio”. Un país que está de mi lado. Que si te esforzás, es para salir adelante y no solo para mantenerte a flote. Un país en el que sentís que tenés con quien hablar. Desde las cosas más chicas como que me llevó una semana que la municipalidad ponga un tacho de basura en la plaza de al lado de casa, hasta un país que sube y baja el IVA según la economía. A veces te cabe, otras no, pero nunca pensás que lo hacen para robar. Un país en el que los Primer Ministro fueron investigados con el peso de la justicia, un país en el que el hijo de un primer ministro está en la cárcel por estafador, y así también diputados y ministros. Claro, eso puede parecerte que es el reino de la corrupción. Pero no. Es justamente lo opuesto. Acá hay justicia, y funciona.

Quince años en los que a nivel Estado, Ehud Barak nos sacó del sur del Líbano y Ariel Sharon de la Franja de Gaza. Quince años que también incluyeron una nueva Intifada y la muerte de Arafat. Quince años en los que no se siente mucho que hayamos progresado en pos de la Paz, pero en los que sabemos que al menos hicimos grandes pasos que van a servir de base. Y que aunque no sirvan para eso, al menos salvan muchas vidas de soldados, pendejos de 20 años que morían por una guerra que nadie quiere en Israel.

Quince años en los que a nivel laboral pude agradecerme a mí mismo cada uno de los días que fui a la facultad en Argentina durante 7 años porque me permitieron abrir las puertas de un mundo que allá era de ciencia ficción y aquí fue realidad. Mundo que me permitió ser parte de una generación que creó, inventó y le permitió al mundo progresar en el campo de las comunicaciones. No fabriqué muñequitos a pilas ni reparé cajeros automáticos. No. Aun siendo sudaca, tuve la posibilidad de meterme en la verdadera cocina de las Telecomunicaciones y andar orgulloso por el mundo sabiendo que hice cosas que antes de mí, no existían, y que permitieron el avance de la tecnología a nivel mundial. Y no jodo. Claro que la foto con Shimon Peres amerita y da cuenta de lo que digo. Aun y especialmente cuando hay cosas que hice y que no puedo contar por secreto profesional. Todo legal, mami, quedate tranquila.

Quince años en los que lo interesante de la vida era que no sabías nunca en dónde ibas a estar dentro de 5 años. y esa incerteza era algo bueno, porque sabías que estaba en tus manos dibujar tu propio futuro. Yo me fui de Argentina porque sabía que en el mejor de los casos, si tenía suerte, en diez años iba a estar todavía trabajando en X-28. Y la prueba (tanto para bien como para mal) es que muchos de mis amigos de aquella época, siguen allí. Felices, sí. Pero yo ya no lo era. Busqué algo más y acá lo conseguí.

La gente es diferente, sí. Son pocos los que tiran basura por la calle y la buena educación contrasta con un trato hosco y una brusquedad cariñosa que a veces parece asaltarte. El israelí es diferente al argentino. Y como nadie es perfecto, uno elige. Y me cabe. Lo que tiene de malo el sabra le pasa muy lejos a lo que tiene de bueno. 

La vida de todos los días la elige uno. Hay gente que se la pasa consumiendo en los shoppings igual que en cualquier lugar del mundo. Pero también hay gente como yo que disfruta del mar cada fin de semana, invierno o verano. Hay naturaleza a 10 cuadras de tu casa no importa dónde vivas. Y si querés, podés hacer una vida linda. Y la seguridad de las calles te lo permiten. A vos y a tus hijos. Estás tranquilo. Y no me vengas con los atentados, que me tengo que tocar el huevo izquierdo; por suerte eso cambió para bien en forma radical.

Quince años. La niña bonita en años.

A Israel, por la parte que le toca, gracias. Y a mí por haber tenido los huevos de venirme, gracias también.

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