Algo Está Cambiando en la relación con los Árabes en Israel

Los problemas difíciles no se solucionan de un día para el otro. No llevan ni un mes ni un año. A veces llevan décadas. Procesos que uno mientras los vive espera que ocurran mediante una fórmula mágica pero al final, no es así y van cayendo lentamente como la erosión que, agún día, termina de solucionar un tema que parecía infinito.

Y de repente, cumpliendo mis 18 años en Israel, miro para atrás y veo que no solamente construyeron edificios en mi ciudad, sino que muchas cosas cambiaron en relación a los árabes. Y quizás, quien te dice, no sea casualidad, y estos 18 años no pasaron al pedo y están marcando una lenta tendencia hacia un status mejor. Quizás no sea como una curita que hay que sacarla de un tirón sino que toooodos los días se avanza un poquito, casi sin darnos cuenta, y asi se llega al objetivo.

A los hechos.

Hace 18 años, veías árabes trabajando de albañiles, pintores y demás, en negro, traídos de los territorios por un israelí vivaracho que les pagaba, seguramente, mucho menos que a un israelí. Incluso menos que a un ruso. No veías árabes en ningún lado más.

Con el tiempo empezaron a aparecer en otros lugares. Empresas de cable, servicios telefónicos de atención al cliente, empleados en el super. No, no son de los territorios, creo yo. No me suena que tengan autorización para trabajar en Israel. Pero antes no había y ahora sí.

Hoy en día, no solamente la enfermera que me sacó sangre en la obra social Maccabi era árabe (y no era la única) sino que en la farmacia, o en cualquier negocio de un shopping etc, ves árabes trabajando. Y no solo trabajando: en el shopping G de Kfar Saba, se ven más árabes paseando que israelíes. Y no de incógnito ya que las mujeres van cubiertas con los pañuelos como siempre (y los hombres con jeans de Tommy Hilfigier como siempre :P)

Hace 10 años atrás, no se te cruzaba por la cabeza que una enfermera árabe tenga una aguja en su mano en un lugar lleno de gente sin ningún policía o soldado cerca como es la obra social. Hoy pasa, y sin hacer mucho ruido. Y está bien.

Si, estamos lejos de tener un vecino árabe en el edificio. Ni siquiera sé si legalmente está permitido. Pero hay un cambio grande. Una tendencia. Y no se dio de la noche a la mañana. No es que un buen día el SuperSal echó a todos los empleados rusos y trajo árabes. Fue pasando de a poco. Sin hacer ruido. Primero repositores y hoy encargados de planta. Y creo yo que todos nos vamos sorprendiendo al descubrir (dejemos la hipocresía de lado ya que todos tenemos prejuicios con lo desconocido) que charlando con un árabe te cagás de risa y que cuando él llega a su casa quizás le cuenta al hijo que en Kfar Saba esto o aquello y ese chico va a crecer escuchando que en esa ciudad no viven hijos de puta sino que son los compañeros de trabajo del padre. A diferencia de lo que el resto del mundo nos vende por TV, e incluso muchos políticos acá, tenemos tanto en común con nuestros vecinos que un buen día nos vamos a levantar y vamos a ver que les dejamos de hacer el juego a los que ganaban plata con este conflicto y como dos amigos que se reconcilian, vamos a decirnos “la puta madre, cuánta energía al pedo gastamos por años!”.

Tenemos todo por ganar. No hay ninguna ventaja al estar en guerra. No te digo que estemos como chanchos, pero sí conviviendo armónicamente. Como con un compañero de trabajo: quizás no es tu mejor amigo ni le contás lo que hiciste el fin de semana, pero podés hacer algo en conjunto y que funcione. Mucho más que eso no pido.

Nada de soluciones mágicas. Todos los días un poquito, vos, yo, Muhamad el de la pinturería. Así, desde abajo, y un buen día, se van a dar cuenta arriba de que el negocio pasa por otro lado, abriendo restaurantes gurmet árabes en el corazon de Hertzlia, y nos van a dejar vivir en paz.

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