Alemania: Vergüenza de Ayer Y Hoy

Yo crecí escuchando a mi viejo decir “en Alemania no pongo un pie”. Y eran pocas las veces que mi viejo afirmaba algo con tanta seguridad. Así que lo tomé siempre como un axioma y adopté ese pensamiento.Estuve de acuerdo y lo respeté. Razones no faltaban.

Pasó el tiempo y como siempre, nosotros(?) somos los que ponemos la buena voluntad para empezar una nueva página. Me planteé una vacación y Berlín me tentó. Me dije que pasó suficiente tiempo y que las señales que se emiten desde Alemania hoy en día, denotan una maduración que concuerda con lo que otros me cuentan, acerca de los alemanes de hoy en día que se avergüenzan mucho de lo que hicieron sus antepasados. Ojo, sus antepasados no son el tatara-tatara-tatara abuelo. Son sus abuelos y punto. Imaginate que tu abuelo… no se… mató a 500 bolivianos poque él pensaba que los cabecitas negras no sirven para nada. Bueno, eso. Jodido. Porque es de suponer que creciste en una casa en la que, asi como a mií me decían “no pongas un pie en Alemania” a los adultos de hoy en dían les decían “El Abuelito fue un heroe de guerra y mató a esos judíos apestosos”. Pero de todas formas quise dar un paso yo, hacia adelante. Así quizás mis hijos ya no recibirían ese resentimiento innato que me tocó a mí.

En Berlín hay dos museos muy importantes de los que quiero hablar y un monumento. Uno es el “Museo del Judaísmo”. Es un museo como el que no he visto en mi vida en ningún otro país del mundo. Original, creativo, interactivo, entretenido, interesante, completo, complejo, artístico. No es de esos aburridos. Hay para ver, para escuchar, para tocar, para pensar, para sentir, para tratar de interpretar. Se trata de 2000 años de judaísmo en Alemania -yo estaba seguro de que iba a ser la historia de la alemania nazi y los judíos en el holocausto-. Arrancan desde los tiempos ancestrales y tienen documentos y objetos de toooooooda la historia. La cucharita del café del Rabino de Berlín hasta la historia de una madre que tuvo 14 hijos y todos sus detalles.

Y ahora viene el postre. En semejante museo INMENSO y tan completo, hay solamente 4 (¡cuatro!) fotos sobre el holocausto. Eso. Nada más. No hay una sola foto de Hitler. Y quiero que me digas si en alguna mesa de café podés encontrar a alguien, a uno solo, que diga que en la historia de los judíos de Alemania, Hitler no es un personaje central o que el holocausto no es algo ineludible. Es como hacer un documental sobre Vilas y no nombrar a Clerc. Es escandaloso lo mucho que escondieron el Holocausto y los horrores sufridos en Alemania por todos los millones de judíos que supieron poblarla. Pero esperá. No terminamos.

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El otro museo del que quería hablar, es el denominado “Topografía del Terror”. Es un museo gratuito que se erige en los restos bombardeados de lo que fue el cuartel general de las SS Nazis. Simbólico lugar para erigirlo y puesto su objetivo en reconocer las barbaridades hechas por el Tercer Reich. Entrás armado de tiempo y ganas de leer. Acá si que son fotos y más fotos y textos y más textos. Te encontrás con Himler y con Eichman y con Priebke y con Mengele. También con Hitler, claro. Pero en fotos más bien relajadas. Me pareció raro a medida que avanzaba, que no lo veía en actitudes de grandes discursos. Pero bueno.. dije… dejá… y seguimos. Y te cuenta detalles y organigramas de la Segunda guerra mundial, y estructuras del partido Nazi y quién era quién en las SS, la Gestapo, y te muestranm fotos de los judíos siendo expulsados a pie de Hungría o diagramas con las cantidades de expulsados. Hay fotos de hombres ahorcados con carteles de “yo traicioné al pueblo alemán” o de mujeres a las que se las afeitaba en público por haberse acostado con un polaco. También un párrafo para el tratamiento bestial que les propinaron a los homosexuales.

Y ahora viene el segundo postre: No hay NI UNA, pero NI UNA foto ni explicación, de los campos de concentración. De las duchas de gas, de los crematorios, no hay una foto de los cuerpos raquíticos ya cadáveres en fosas comunes, no hay fotos de los pabellones, de los quirófanos del horror en los que Mengele hacía experimentos con los judíos “prisioneros”. Nada de eso está mostrado en sus mil y pico de metros cuadrados repletos de información.

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Creo que de más está decirles que en ambos libros de visitantes dejé mis apreciaciones en tinta color fuego. Y creo que casi es innecesario (aunque no puedo evitar hacerlo) explicar la horrible sensación de estar frente a un pueblo que en realidad no aprendió nada ni se arrepintió de nada. Así como habiendo generado la primera Guerra Mundial, generaron la Segunda sin haber aprendido nada, los alemanes esconden debajo de la alfombra todo lo que hicieron. Y ojalá lo hiciesen por vergüenza. Y aunque así lo fuese, le deben al mundo agachar la cabeza y pedir perdón públicamente en un museo, por lo menos. Pero no. No se avergüenzan de nada. Los alemanes (y esto confirmado por amigos que VIVEN allí) siguen convencidos de que ellos son mejores que todos en todo. Superiores. El mundo entero fue demasiado considerado con Alemania teniendo en cuenta lo que hicieron y COMO lo hicieron. Porque si hubiesen sido 6 millones de muertes causadas por una guerra sangrienta, nos lamentaríamos, sí, pero de diferente manera. Sin embargo todos sabemos que Alemania exterminó millones de personas que no peleaban contra nadie, que no eran parte del conflicto y que su único pecado era ser minoría no-aria.

El monumento es el del holocausto. Está a dos cuadras de la puerta de Brandemburgo. Le dieron, podrían decir, un lugar de privilegio a una mananza entera en el corazón de Berlín. ¿Quién podría decir que los alemanes no se hacen cargo? Yo. Porque esos bloques de cemento que recuerdan el holocausto no tienen un solo cartel que diga lo que son. Al turista desprevenido ni se le cruza por la cabeza entender qué significa y tanto es así que se suelen sacar graciosas fotos haciendop piruetas y selfies como si se tratase de un laberinto. Y de postre (siempre hay postre en Alemania) hay un museo en el SUBSUELO al que yo, nunca llegué porque no hay una sola indicación al respecto. Y buscando información para pasear por Berlín, ni en internet encontré de su existencia cuando busqué antes de viajar. Después busqué en google street y encontré un cartelito del tamaño de una revistita, indicando la entrada al museo. Cosa que te lo pierdas y no lo veas (ver foto).

Es directamente una vergüenza.

Alemania la sacó barata. Baratísima. Resurgió como país, se volvió a convertir en potencia, y quién te dice que el día menos pensado, son ellos los que, calladitos calladitos y contra todos los pronósticos de los creyentes inocentes, terminan desatando una tercera Guerra Mundial. ¿No te sentirías un pelotudo si eso vuelve a ocurrir?

Yo, por de pronto, vuelvo a mi frase paterna: “no se pone un pie en Alemania”, y eso les voy a enseñar a mis hijos. Ojalá ustedes hagan lo mismo, si esto que leyeron les importa lo suficiente y les parece lo grave que a mí me parece.

 

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