20 años en Israel

En un abrir y cerrar de ojos cumplí 20 pirulos en Tierra Sanata. Y más allá de que en lo personal las expectativas fueron superadas ampliamente y por muchísimo más de lo que me imaginaba, en este resumen (que creo haber hecho a los 15 años) no me voy a centrar en lo personal.

Lo impresionante es lo siguiente: el conflicto de con los palestinos, que si bien arranca en 1948, toma forma con la palabra PALESTINA en 1967, cuando definitivamente los países vecinos se desprenden de sus parias y los dejan a su suerte y destino en manos de Israel. Y el conflicto ya cumple, este año, 50 años.

Cuando llegué a Israel era el viejo conflicto de Medio Oriente que uno venía viendo en las noticias de Canal 13 desde siempre. Pero resulta que ahora, mirando hacia atrás, he sido testigo de casi la mitad del conflicto. ¡20 de 50 años! Es decir… puedo contar en primera persona de qué se trata ya que lo viví. Cuando llegué era como que me había perdido gran parte de la historia, y la miraba de turista; pero ahora no me la cuenta nadie. 20 años hace que vengo viendo lo que pasa y (fundamentalmente) lo que NO pasa.

¿Lo que pasó? Israel salió del Líbano. Israel ofreció a Arafat la chancha y los veinte y los palestinos no aceptaron firmar. Eran épocas de Barak y Clinton. ¡Qué lejos estamos hoy de eso! Israel salió de Gaza, en manos de Ariel Sharon, el iniciador más inesperado de semejante movida. Hubo varias guerras y varios “procedimientos” que difícilmente se estudien en los colegios primarios de Argentina como me tocó con Las Guerras Púnicas. Es que acá el concepto de guerra se minimizó, o es que hacen falta más muertos para que se considere guerra. O porque -creo que acá está la clave- no hubo un ganador. Y si nadie ganó, entonces no es guerra. Es simplemente dos pueblos que se cagan a trompadas hace 50 años por no poder ponerse de acuerdo en querer un presente mejor.

Y claro, nadie ayuda porque a todos les conviene. A los que venden armas, a los que aprovechan ese escenario para erigirse en jueces y parte de este mundo, o para mostrarle a los demás quien mueve los hilos de todo. A los que odian a Israel y usan a los Palestinos de ariete (demostrando así, que también los odian a los palestinos al ponerlos en semejante posición).

Mi opinión en estos 20 años también fue cambiando bastante. Fue y vino varias veces por la linea que va de la izquierda a la derecha ida y vuelta. Es que a veces se pierden las esperanzas. Y cuando se empieza a hablar de “dos Estados para dos Pueblos” yo, a esta altura, lo veo tan posible como que Messi juegue en San Lorenzo. Y lo peor de todo es que si eso no ocurre, la otra opción es que los palestinos se integren en el más amplio sentido de la palabra a Israel (que es algo que una no muy pequeña cantidad de palestinos desea). Y de solo imaginarlo me duele la cabeza. De toda la logística que eso implicaría. De todas las leyes que tendrían que tocar y establecer. De todos los puntos de posible falla que tiene el día a día. Y ni hablar de la demografía que haría terminar con el slogan de “Israel, patria para el pueblo judío”, que pasaría a ser minoría en forma instantánea y con el tiempo, quien te dice, se de vuelta la tortilla y la venganza por 50 años de podredumbre sea tremenda. Justamente es eso lo que hace temer por la viabilidad de esa solución, estanca todo el proceso y nadie se anima a siquiera proponerlo.

No hay solución. No la hay. Lamento decirles hoy en día, con la autoridad que me da haber tenido un bisabuelo adivino, de haber predecido la Copa Libertadores que ganó River en 2015 y fundamentalmente por haber vivido 20 años en esta bendita tierra. No hay solución a la vista.

Todo plan propuesto conlleva una cantidad de incertezas y de promesas tan grande que nadie está dispuesto a firmar  y que hace que nadie se la juegue. Porque si comprás una casa y no pagás la cuota al banco, viene la policía y te saca. Pero acá no podés firmar un acuerdo y que si no se cumple vuelva todo para atrás. En estos grandes procesos no hay vuelta atrás. Y lo que hay, fundamentalmente, es un gran cagazo de que salga todo mal. Entonces… no se hace nada.

Así que pues, conmemoremos los PRIMEROS 50 años de este conflicto. Que lamentablemente, van a ser muchos más, te lo aseguro.

Yo en lo personal, FESTEJO mis primeros 20 años en el país. Ese al que vine buscando “no saber qué voy a estar haciendo de acá a 5 años” y me lo viene cumpliendo con grandeza. Ese en el que creé una familia, o dos. En donde pude hacer de mi profesión algo relevante para el mundo y ser capaz de dejar un legado. Ese en el que me realicé como persona en todos los ámbitos en los que se me ocurrió. Ese en el que, si te esforzás, no solo sobrevivís sino que también progresás. Y esto no ha terminado aún.

Por mi parte, GRACIAS.

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