Lo Dice un Alemán (¡y qué alemán!)

Seguramente recuerdan mis conclusiones al haber hecho el equivocado aunque quizás necesario viaje a Alemania por primera y última vez.

Aquí están.

Esta nota la dejo acá para poder releerla cuando haga falta.

Habla un hijo de un altísimo jerarca nazi. Y dice… entre muchas cosas interesantes sobre la Alemania de hoy, todo lo que yo digo, pero con la autoridad que le da su posición.

Dejo una perla:

“For sure they don’t stand for a true democracy. They obey the democracy [as long as it] works for them. … But they don’t really believe in it. And we still know … in the midst of our society there is a big anti-Semitism. And this is growing again. We build a lot of monuments for our victims, for our Jewish victims. But this doesn’t count for the silent majority”.

La nota entera acá

https://watchjerusalem.co.il/2017/07/12/never-trust-the-german/

La entrevista en video

Holocausto Vs Perdón

Alemania. Holocausto. Israel. Perdonar. De eso voy a hablar.

Si mirás el mapa, Los Romanos (Italia), Grecia, Los Otomanos (Turquía), Babilonios (Irak), Egipto… y andá a saber cuantos más, se la agarraron con el pueblo judío a lo largo de la historia. En algún momento algo tenía que cambiar para que se la dejen de agarrar con el gordito de anteojos para abusar de él.
Allá por la década del 40 a Alemania se le ocurrió (por segunda vez) la fantástica idea de conquistar el mundo caiga quien caiga. Imaginate hoy en día una cosa así: un país empieza a bombardear a todos sus países vecinos hasta que se rinden y son anexados. Increíble, ¿no? Alemania lo hizo.
Y así, mientras todos se encargaban de librar una guerra, y sin que tenga nada que ver con los MOTIVOS que llevaron a Alemania Nazi a querer conquistar el mundo, sin que hayan sido el detonante de la guerra y sin que hayan sido tampoco el botín ni parte de la misma, Alemania dice “che, ¿y si matamos a todos estos narigones?”. Y empezó el plan llevado a cabo con precisión, orden y efectividad Alemana, que terminó con la exterminación sistemática (y no como consecuencia de combates de la guerra) de 6 millones de judíos.
Algo cambió a partir de eso, el remordimiento del mundo entero le torció el brazo a la mayoría para que le otorguen una tierra que históricamente les había sido arrebatada, para que se junten, armen un país y los dejen en paz.
Y esta vez tuvieron la suerte de tener un amigo musculoso que, razones económicas mediante, cuando no, se decidió a apoyarlo económica y militarmente. Primero fue Rusia y al rato cambió por Estados Unidos. Entonces al gordito de anteojos no le pudieron pegar mucho más. Lo intentaron, sí, pero esta vez lo encontraron mejor preparado, y mientras eso ocurría, el gordito hizo abdominales a más no poder, se compró un par de juguetes letales y ya nadie más le pudo tocar el culo. Y sí, algunos lo siguen intentando, pero ese recuerdo aún fresco de los 6 millones de judíos, hacen que la marca a fuego dirija la actitud de respuesta israeli y devuelva las trompadas a quien se le anime. Creo que no se puede esperar menos de quien las tuvo que sufrir más que nadie y durante no solo décadas ni siglos sino milenios.
De Alemania hablé hace poco cuando me tocó visitarla. Y espero que la suerte no me lleve nunca más a ese país de mierda. Disculpen que lo diga de esta manera. Porque si hablamos de perdonar, uno perdona cuando del otro lado ve un entendimiento de la falta, un arrepentimiento sincero que conduce a un comportamiento diferente. Pero cuando ves que Alemania hace todo lo que hace para APARENTAR un arrepentimiento, y cuando leés que nunca se encargó de castigar a los miles de jerarcas nazis que perpetraron el exterminio y que los juicios que armó fueron un chiste, y que los monumentos que puso para recordar el holocausto no tienen un puto cartel que diga lo que son, y que los museos niegan con omisión deliberada la existencia de campos de exteminio, entonces te das cuenta de que el arrepentimiento no está. Que ese país lleno de gente capaz de creerse dueño del mundo, en el fondo, sigue pensando lo mismo. Lo único que hace es pagar ciertas sumas de dinero y hacer negocios con Israel que, en definitiva, nadie es tonto y le dejan un beneficio.
¿Perdonar? No. Nunca. ¿Olvidarse? Menos que menos. ¿Aprender? Siempre.
El día del Holocausto es el día en el que se recuerda a las víctimas y el día en el que uno refresca la rabia para no perdonar jamás. La grandeza no está en perdonar sino en no vengarse. En demostrar que sos mejor.
Y si alguien quiere protestar contra el gordito que se puso en forma, se hizo amigo de un par de musculosos, se compró un par de chiches y devuelve las cachetadas con trompadas en la jeta, entonces que formen un partido, que ganen las elecciones y después hablamos.
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Alemania: Vergüenza de Ayer Y Hoy

Yo crecí escuchando a mi viejo decir “en Alemania no pongo un pie”. Y eran pocas las veces que mi viejo afirmaba algo con tanta seguridad. Así que lo tomé siempre como un axioma y adopté ese pensamiento.Estuve de acuerdo y lo respeté. Razones no faltaban.

Pasó el tiempo y como siempre, nosotros(?) somos los que ponemos la buena voluntad para empezar una nueva página. Me planteé una vacación y Berlín me tentó. Me dije que pasó suficiente tiempo y que las señales que se emiten desde Alemania hoy en día, denotan una maduración que concuerda con lo que otros me cuentan, acerca de los alemanes de hoy en día que se avergüenzan mucho de lo que hicieron sus antepasados. Ojo, sus antepasados no son el tatara-tatara-tatara abuelo. Son sus abuelos y punto. Imaginate que tu abuelo… no se… mató a 500 bolivianos poque él pensaba que los cabecitas negras no sirven para nada. Bueno, eso. Jodido. Porque es de suponer que creciste en una casa en la que, asi como a mií me decían “no pongas un pie en Alemania” a los adultos de hoy en dían les decían “El Abuelito fue un heroe de guerra y mató a esos judíos apestosos”. Pero de todas formas quise dar un paso yo, hacia adelante. Así quizás mis hijos ya no recibirían ese resentimiento innato que me tocó a mí.

En Berlín hay dos museos muy importantes de los que quiero hablar y un monumento. Uno es el “Museo del Judaísmo”. Es un museo como el que no he visto en mi vida en ningún otro país del mundo. Original, creativo, interactivo, entretenido, interesante, completo, complejo, artístico. No es de esos aburridos. Hay para ver, para escuchar, para tocar, para pensar, para sentir, para tratar de interpretar. Se trata de 2000 años de judaísmo en Alemania -yo estaba seguro de que iba a ser la historia de la alemania nazi y los judíos en el holocausto-. Arrancan desde los tiempos ancestrales y tienen documentos y objetos de toooooooda la historia. La cucharita del café del Rabino de Berlín hasta la historia de una madre que tuvo 14 hijos y todos sus detalles.

Y ahora viene el postre. En semejante museo INMENSO y tan completo, hay solamente 4 (¡cuatro!) fotos sobre el holocausto. Eso. Nada más. No hay una sola foto de Hitler. Y quiero que me digas si en alguna mesa de café podés encontrar a alguien, a uno solo, que diga que en la historia de los judíos de Alemania, Hitler no es un personaje central o que el holocausto no es algo ineludible. Es como hacer un documental sobre Vilas y no nombrar a Clerc. Es escandaloso lo mucho que escondieron el Holocausto y los horrores sufridos en Alemania por todos los millones de judíos que supieron poblarla. Pero esperá. No terminamos.

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El otro museo del que quería hablar, es el denominado “Topografía del Terror”. Es un museo gratuito que se erige en los restos bombardeados de lo que fue el cuartel general de las SS Nazis. Simbólico lugar para erigirlo y puesto su objetivo en reconocer las barbaridades hechas por el Tercer Reich. Entrás armado de tiempo y ganas de leer. Acá si que son fotos y más fotos y textos y más textos. Te encontrás con Himler y con Eichman y con Priebke y con Mengele. También con Hitler, claro. Pero en fotos más bien relajadas. Me pareció raro a medida que avanzaba, que no lo veía en actitudes de grandes discursos. Pero bueno.. dije… dejá… y seguimos. Y te cuenta detalles y organigramas de la Segunda guerra mundial, y estructuras del partido Nazi y quién era quién en las SS, la Gestapo, y te muestranm fotos de los judíos siendo expulsados a pie de Hungría o diagramas con las cantidades de expulsados. Hay fotos de hombres ahorcados con carteles de “yo traicioné al pueblo alemán” o de mujeres a las que se las afeitaba en público por haberse acostado con un polaco. También un párrafo para el tratamiento bestial que les propinaron a los homosexuales.

Y ahora viene el segundo postre: No hay NI UNA, pero NI UNA foto ni explicación, de los campos de concentración. De las duchas de gas, de los crematorios, no hay una foto de los cuerpos raquíticos ya cadáveres en fosas comunes, no hay fotos de los pabellones, de los quirófanos del horror en los que Mengele hacía experimentos con los judíos “prisioneros”. Nada de eso está mostrado en sus mil y pico de metros cuadrados repletos de información.

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Creo que de más está decirles que en ambos libros de visitantes dejé mis apreciaciones en tinta color fuego. Y creo que casi es innecesario (aunque no puedo evitar hacerlo) explicar la horrible sensación de estar frente a un pueblo que en realidad no aprendió nada ni se arrepintió de nada. Así como habiendo generado la primera Guerra Mundial, generaron la Segunda sin haber aprendido nada, los alemanes esconden debajo de la alfombra todo lo que hicieron. Y ojalá lo hiciesen por vergüenza. Y aunque así lo fuese, le deben al mundo agachar la cabeza y pedir perdón públicamente en un museo, por lo menos. Pero no. No se avergüenzan de nada. Los alemanes (y esto confirmado por amigos que VIVEN allí) siguen convencidos de que ellos son mejores que todos en todo. Superiores. El mundo entero fue demasiado considerado con Alemania teniendo en cuenta lo que hicieron y COMO lo hicieron. Porque si hubiesen sido 6 millones de muertes causadas por una guerra sangrienta, nos lamentaríamos, sí, pero de diferente manera. Sin embargo todos sabemos que Alemania exterminó millones de personas que no peleaban contra nadie, que no eran parte del conflicto y que su único pecado era ser minoría no-aria.

El monumento es el del holocausto. Está a dos cuadras de la puerta de Brandemburgo. Le dieron, podrían decir, un lugar de privilegio a una mananza entera en el corazón de Berlín. ¿Quién podría decir que los alemanes no se hacen cargo? Yo. Porque esos bloques de cemento que recuerdan el holocausto no tienen un solo cartel que diga lo que son. Al turista desprevenido ni se le cruza por la cabeza entender qué significa y tanto es así que se suelen sacar graciosas fotos haciendop piruetas y selfies como si se tratase de un laberinto. Y de postre (siempre hay postre en Alemania) hay un museo en el SUBSUELO al que yo, nunca llegué porque no hay una sola indicación al respecto. Y buscando información para pasear por Berlín, ni en internet encontré de su existencia cuando busqué antes de viajar. Después busqué en google street y encontré un cartelito del tamaño de una revistita, indicando la entrada al museo. Cosa que te lo pierdas y no lo veas (ver foto).

Es directamente una vergüenza.

Alemania la sacó barata. Baratísima. Resurgió como país, se volvió a convertir en potencia, y quién te dice que el día menos pensado, son ellos los que, calladitos calladitos y contra todos los pronósticos de los creyentes inocentes, terminan desatando una tercera Guerra Mundial. ¿No te sentirías un pelotudo si eso vuelve a ocurrir?

Yo, por de pronto, vuelvo a mi frase paterna: “no se pone un pie en Alemania”, y eso les voy a enseñar a mis hijos. Ojalá ustedes hagan lo mismo, si esto que leyeron les importa lo suficiente y les parece lo grave que a mí me parece.