Alemania 2020

Ayer leía que Angela Merkel cuestionaba la decisión de algunos países de “encerrar” a los mayores de 70 años en sus casas para protegerlos de la Pandemia del Coronavirus. Dice la premier teutona que es “inaceptable desde el punto de vista ético y moral”.

Claro… cuando uno piensa en los viejitos alemanes pobrecitos y ….. ¡un momento! de repente me los imaginé a esos viejitos peinándose el bigotito y dije “la concha de tu hermana, Merkel, si es que tenés hermana! ¿Acaso los viejitos alemanes no fueron lo mas inaceptable desde cualquier punto de vista ético y moral habido y por haber en la historia de la humanidad?”. Y lo posteé en fb. Con un poco de cinismo y chicana. Ustedes ya me conocen.

Pero vino Fabián, un amigo de la secundaria que no se rateaba en Matemáticas con la Mamone y sacó cuentas: en 1945, cuando terminó la WWII, suponete que el más joven de los oficiales nazis tenía… 23 añitos. Un mocoso. Desde 1945 hasta hoy pasaron ni más ni menos que 75 años. Ese joven ario, rubio y esbelto, hoy tiene 98 años, si es que los tiene. Y los altos mandos nazis, que seguramente tenían unos años más, casi seguro están todos mirando crecer las margaritas desde abajo.

OK. Es cierto. Pero ahora barajamos y damos de nuevo.

Malvinas? Perdimos la guerra. ¿Eso supone que todos los que defendieron la causa e insisten con la legitimación del reclamo argentino, cambiaron de idea por haber perdido la guerra de un día para el otro a fines de junio de 1982? Que la guerra haya sido una aventura insana de un gobierno de facto de locos con revólver, ¿hace que la gente deje de pensar lo que pensaba? No. La gente sigue llamando a las Malvinas por su nombre en castellano y sigue reclamando que son argentinas.

Volvamos a Berlín. La guerra la perdió Alemania, sí. Gracias a Dios y a unos cuantos tanques y aviones aliados y otros tantos rusos. Sin embargo eso no implica que el partido nazi fue completamente asesinado, o que los sobrevivientes fueron sometidos a una lobotomía y ahora comen knishes y bailan rikudim (NdelE: bailes tradicionales judíos). No. Significa que se afeitaron el bigotito, quemaron los volantes de propaganda y los brazaletes para que los aliados no los hagan percha, y volvieron a sus casa a refunfuñar noche tras noche en la cena, con cara de odio, mientras veían que el mundo les refregaba su victoria en la cara. Así como loos bosteros siguen mascullando bronca por Madrid. Y no… eso no se pasa de un día para el otro. Preguntales. Ahí está! ¡preguntales! ¿qué te van a decir? ¡ganamos la superliga, papá! ¡todo volvió a la normalidad! Las pelotas. Todos saben que nunca se vuelve a la normalidad… Hasta que reviertas esa situación, vas a estar frustrado y farfullando bronca.

Los alemanes de 23 añitos se casaron, tuvieron hijos y los criaron durante las décadas de los 50 y 60. Y cada vez que en el noticiero conmemoraban el holocausto y Alemania tenía que comerse los mocos en un acto en el que agachaban la cabeza, los ex bigote daban un puñetazo en la mesa y decía algo como “indifrunde guishegen puten morten chonchensumadren!” Y Hans y Jurgen (dos pibes que la rompían con la redonda) se asustaban mientras comían sus cereales con fibras hasta que un día preguntaron por qué papá se enoja tanto con los judíos. Y el resto ya lo entendiste.

Porque así como ser de un cuadro de fútbol se hereda, así como ser radical o peronacho se hereda, o también ser judío, mis amigos, ser de una determinada ideología, y mucho más cuando esa ideología es la creencia en una supremacía racial, no se borra con una derrota en el campo de batalla. No se borra la mancha de un descenso ni siquiera… con Madrid.

Y ahí tenemos a Alemania, como habrán podido leer en mis posts anteriores sobre el tema (tienen en el costado de esta página el link a la etiqueta “Alemania” para poder leer los posts sin buscar demasiado). Un país que se esfuerza en convencer al mundo que está profundamente arrepentido de lo que hizo. Sí… seguramente hay unos cuantos miles o decenas de miles que se arrepienten. También hay quienes no les importa el tema Malvinas. También hay quien dijo “me chupa un huevo el fútbol, basta para mí”. Pero no son tantos si es que dejaron pasar todos esos “deslices” en los que muestran la hilacha y tratan de maquillar, de disimular, de no mostrar tanto lo que pasó. Se les nota. Y muy seguido. No hay arrepentimiento. Y también hay continuidad silenciosa del legado nazi.

No es casualidad que existan los partidos neo-nazis. Siempre aparece uno que se anima a levantar la cabeza por encima de la mugre. Y no solo no hay que olvidar, sino que hay que ser el doble de exigente con Alemania. Es como cuando eras chico y te decían “vos estás en capilla”. Al de al lado tuyo no le decían nada si tiraba pochoclo por el aire, pero a vos…guay si te portabas mal… porque ya habías hecho una gran cagada antes.

Esto es lo mismo. Alemania se mandó un par de veces en la historia una gran cagada. Perdió las dos veces. Pero rendir no se rinde. Porque las derrotas no matan los ideales sino la puesta en práctica de los mismos.

Así que… Alemania… I am fucking watching you. Y también me estoy encargando en casa, cada noche que en el noticiero hablan de vos, de dar un puñetazo en la mesa y decir en voz alta “nazis hijos de puta!” esperando que mis hijos vayan aprendiendo de qué va la cosa. Porque así se educa en cada casa. No solamente en la tuya, Alemania.

merkel