Animales de Costumbre

Nos acostumbramos a todo. Como los perros. Como los monos.

Acá en Israel la realidad se ve modificada con velocidad. No hay tiempo para lentas adaptaciones. Tiraban cohetes, empezaron las sirenas, un poquito de miedo, y a los 3 días “ufff… otra vez tengo que frenar el capítulo de Lost por la sirena y meterme en el refugio?”

Desde hace un mes, día más, chuchillo menos, Israel se encuentra frente a un nuevo aluvión de mini-atentados hormiga de palestinos locos enfundados en cuchillos o al volante de autos, que se abalanzan contra cualquier civil y lo tratan de matar. ¿Terrible no? Imaginate ir caminando por Larrea y Cangallo y que te salte un moncho con un tramontina. Acá en Israel, en el mejor de los casos, a esos terroristas los matan en el acto para evitar que sigan su carrera loca revoleando el cuchillo. Y digo tienen suerte porque ni me quiero imaginar el destino de aquellos a los que la policía logra neutralizar antes de que alguna fuerza de seguridad le dispare.

Al principio, nos paralizamos. Los cuchillos no saltaban solamente en los Territorios en Disputa sino en Raanana, en Petaj Tikva, a la vuelta de tu casa, en la esquina de la mía. Yo no podía trabajar tranquilo ante el shock novedoso. Tenía el dedo mocho de apretar F5 para ver si pasaba algo nuevo y ver si tenía que ir a desenfundar la victorinox y enseñarle a mis hijos como defenderse.

Pero… como todo. Ahora ya nos acostumbramos. Porque si nos tiraron un templo los babilonios y nos sorprendimos, luego cuando vinieron los romanos y nos tiraron el segundo dijimos “bueh, otra vez…” Y así siempre. Nos acostumbramos a todo. Y hoy, que siendo las 3 de la tarde ya hubo 3 atentados, con cuchillo con auto, atropellando, sacando un cuchillo una mujer con pinta de madraza que cocina rico, entrás a Ynet a ver las noticias y te encontrás que se habla del beso de no se que mujeres de Hollywood, de la vacuna contra la gripe, de un radar que detecta cohetes, de un smartphone nuevo y del avion ruso que se cayó. Y chiquito al costado en la ventanita de los flashes, te cuentan al pasar que hay un nuevo atentado en Alfey Menashé. Cosa menor. Un cuchillo y un herido grave. Nada que no hayamos visto.

Uno va perdiendo la sensibilidad. Y después pretenden que uno llore con las telenovelas. Acá hacen falta muchas cebollas para sacarnos una lágrima. Lamentablemente.

israel se acostumbra a todos

Algo Está Cambiando en la relación con los Árabes en Israel

Los problemas difíciles no se solucionan de un día para el otro. No llevan ni un mes ni un año. A veces llevan décadas. Procesos que uno mientras los vive espera que ocurran mediante una fórmula mágica pero al final, no es así y van cayendo lentamente como la erosión que, agún día, termina de solucionar un tema que parecía infinito.

Y de repente, cumpliendo mis 18 años en Israel, miro para atrás y veo que no solamente construyeron edificios en mi ciudad, sino que muchas cosas cambiaron en relación a los árabes. Y quizás, quien te dice, no sea casualidad, y estos 18 años no pasaron al pedo y están marcando una lenta tendencia hacia un status mejor. Quizás no sea como una curita que hay que sacarla de un tirón sino que toooodos los días se avanza un poquito, casi sin darnos cuenta, y asi se llega al objetivo.

A los hechos.

Hace 18 años, veías árabes trabajando de albañiles, pintores y demás, en negro, traídos de los territorios por un israelí vivaracho que les pagaba, seguramente, mucho menos que a un israelí. Incluso menos que a un ruso. No veías árabes en ningún lado más.

Con el tiempo empezaron a aparecer en otros lugares. Empresas de cable, servicios telefónicos de atención al cliente, empleados en el super. No, no son de los territorios, creo yo. No me suena que tengan autorización para trabajar en Israel. Pero antes no había y ahora sí.

Hoy en día, no solamente la enfermera que me sacó sangre en la obra social Maccabi era árabe (y no era la única) sino que en la farmacia, o en cualquier negocio de un shopping etc, ves árabes trabajando. Y no solo trabajando: en el shopping G de Kfar Saba, se ven más árabes paseando que israelíes. Y no de incógnito ya que las mujeres van cubiertas con los pañuelos como siempre (y los hombres con jeans de Tommy Hilfigier como siempre :P)

Hace 10 años atrás, no se te cruzaba por la cabeza que una enfermera árabe tenga una aguja en su mano en un lugar lleno de gente sin ningún policía o soldado cerca como es la obra social. Hoy pasa, y sin hacer mucho ruido. Y está bien.

Si, estamos lejos de tener un vecino árabe en el edificio. Ni siquiera sé si legalmente está permitido. Pero hay un cambio grande. Una tendencia. Y no se dio de la noche a la mañana. No es que un buen día el SuperSal echó a todos los empleados rusos y trajo árabes. Fue pasando de a poco. Sin hacer ruido. Primero repositores y hoy encargados de planta. Y creo yo que todos nos vamos sorprendiendo al descubrir (dejemos la hipocresía de lado ya que todos tenemos prejuicios con lo desconocido) que charlando con un árabe te cagás de risa y que cuando él llega a su casa quizás le cuenta al hijo que en Kfar Saba esto o aquello y ese chico va a crecer escuchando que en esa ciudad no viven hijos de puta sino que son los compañeros de trabajo del padre. A diferencia de lo que el resto del mundo nos vende por TV, e incluso muchos políticos acá, tenemos tanto en común con nuestros vecinos que un buen día nos vamos a levantar y vamos a ver que les dejamos de hacer el juego a los que ganaban plata con este conflicto y como dos amigos que se reconcilian, vamos a decirnos “la puta madre, cuánta energía al pedo gastamos por años!”.

Tenemos todo por ganar. No hay ninguna ventaja al estar en guerra. No te digo que estemos como chanchos, pero sí conviviendo armónicamente. Como con un compañero de trabajo: quizás no es tu mejor amigo ni le contás lo que hiciste el fin de semana, pero podés hacer algo en conjunto y que funcione. Mucho más que eso no pido.

Nada de soluciones mágicas. Todos los días un poquito, vos, yo, Muhamad el de la pinturería. Así, desde abajo, y un buen día, se van a dar cuenta arriba de que el negocio pasa por otro lado, abriendo restaurantes gurmet árabes en el corazon de Hertzlia, y nos van a dejar vivir en paz.

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Todos Directores

En Israel nadie se quiere ensuciar las manos. Para eso siempre hay “otros”. La inmigración constante, de muchos países menos desarrollados (o más en crisis) hace que siempre haya gente menos preparada (o más desesperada) que quiera hacer los trabajos de limpieza de calles, etc… Antes eran los árabes, pero lentamente esos puestos los fueron ocupando judíos de Etiopía, Rusos, etc..

Si el ecosistema se hubiese equilibrado ahí, no habría problema. El asunto es que ahora, ayudados por la maquinaria propagandística que les come la cabeza a los jóvenes, todos quieren estudiar Administración, Management o como llamen a los títulos universitarios orientados a gente que dirige empresas. Es decir: “responsabilidad y liderazgo”, pero de trabajar, ni hablar.

No quiero decir que un director no labure. Yo mismo dirijo hoy. Pero lamentablemente es cierto: YO no soy el que hace los diseños. Yo no soy el que HACE, sino el que se encarga de que otros hagan las cosas, y que las hagan bien. Eso es lo importante: la experiencia que tengo encima me permite ver más que los jóvenes que todavía no se chocaron con todas las paredes, y abrirles los ojos durante el diseño, para que ni ellos ni la empresa se choque con paredes evitables.

Pero si sos un pibe de 23 años que recién sale de la universidad, por más don de mando que tengas, y por más que hayas sido capitán del equipo de judo(?), te vas a estrellar, y vas a hacer estrellar a todo el equipo.

Esto trae como fenómeno una generación de malos directores empresariales, que son cero-técnicos, y que pueden hacer fracasar las mejores ideas y llevarlas a disolverse antes de florecer.

Si todos quieren dirigir, luego… ¿quién va a diseñar? ¿Qué ingenieros van a quedar en el país? La gente está abandonando las carreras de Química, Ingeniería, Biología.
¿No se dan cuenta de que ese atajo es malo para todos?
Antes la gente quería estudiar carreras de tecnología porque este país ofrecía salidas laborales más que atractivas para mucha gente. Pero la viveza criolla-israelí les mostró a los pibes que solo uno de cada 10 ocupa con el tiempo el puesto de director. La pirámide tiene una punta, o dos, pero no 10. Entonces pensaron: si estudio una carrera que me capacita como director, tengo ventajas y todas las de ganar!
Claro, eso es cierto si lo aderezás ni más ni menos con 10 años de experiencia, que combinados te convierten en un grosso con credenciales.
Pero no, para qué. Mejor se clavan un título atrás de otro, hacen el master en dirección de empresas mientras laburan dos años en un puesto fácil de “estudiante”, y con esa poca experiencia (que se ve a la hora de manejarse, que es solo “actuar como se ve en las películas” o “hablar con mucha seguridad sin tener idea de nada”) salen a dirigir empresas y a deteriorar la industria israelí.

Es triste porque cuando eramos chicos nos contaban que en Israel no dejaban estudiar a TODOS cualquier carrera. Que si en el país hacían falta pocos médicos, subían el nivel del curso de ingreso más arriba para que solo “dos o tres” (o los que hicieran falta) pasasen.
De esa manera aseguran que no haya desempleo en esa rama de la industria, y a la vez se quedan con los mejores en cada rama.

Deberían aplicar eso más firmemente. Basta de darle navajas al mono. En muy pocos años Israel supo construir una industria de las más potentes del mundo. No dejen que se escabulla de las manos.

 

PD: este blog cumplió 7 años!